lunes, 12 de noviembre de 2012

Abrir el corazón

El sueño tiene consecuencias.  Si bien en ese estado el hombre puede vivir su vida, seguramente lo hace sin tener consciencia más que de momentos aislados a los que solo une entre sí de manera artificial, uniendo un momento dado a otro de similares características y sin darse cuenta de que entre uno y otro momento en el recuerdo mediaban días y hasta meses y años.

Hombre comiendo, bebiendo y leyendo
Si se quiere verificar lo que se ha dicho, solo basta con intentar prestar atención a los propios pensamientos y actividades cotidianas, y se encontrará cómo uno puede pasar, por ejemplo, de estar leyendo un libro entretenido a dejarlo de lado para preparar la comida; luego, tal vez desee aprovechar el momento para mirar un poco de televisión mientras come casi sin prestar atención al gusto de su comida, y, una vez satisfecho, pasar de inmediato a recordar que ha olvidado pagar una cuenta y que debe dejar los platos para lavar más tarde pues “ya no hay tiempo para demorar el pago…”

Espíritu liberado, Trad. jainista, s. XVII
Quizás ya no haya tiempo para reanudar la lectura hasta el día
siguiente, pero, si el libro le resulta de verdad entretenido, si alguien le pregunta qué está haciendo en estos días, responde con tranquilidad: “Leyendo un libro.”  Es así como  comúnmente unimos estos momentos similares y nos convencemos de tener una supuesta unidad.

La consecuencia es que el hombre omite así la presencia en su vida de su mismo espíritu o Ser superior, de esa parte invisible pero real que representa quien verdaderamente somos, pero que no puede manifestarse sin esfuerzos.

Milarepa: “El concepto de la presencia se manifiesta como el
Vacío.”

Carta XXI del tarot @Camoin-Jorodowsky

La escuela del tarot también representa a nuestro verdadero ser como una doncella que baila en presencia.  Su desnudez representa la esencia, lo que verdaderamente somos, libre de todo lo aprendido de manera artificial.  En sus cuatro rincones, los centros inferiores de nuestro cuerpo (intelectual, emocional, motriz e instintivo) han colaborado para su aparición.  Nótese que tres de los motivos representando los centros, el toro, que figura como el centro instintivo,  es el único que no tiene halo, aunque se encuentra en un estado de pacífica aceptación.

Una imagen muestra una cabeza humana en estado de vigilia común, o de sueño despierto, en la que la dama que vimos antes 


Rueda en la cabeza, holandesa s. XVII


danzando, está velada por sus propios cabellos, que simbolizan los miles de ‘yoes’ mecánicos que nos asaltan todo el tiempo.  La rueda de los pensamientos gira sin control al compás que le marca un burro, otro símbolo esotérico del ser inferior (tanto Cristo como Mahoma son representados cabalgando asnos, representando que ellos lo dominan).

Robert Burton: “El ser inferior continuamente intenta crear algo más interesante que la  presencia.”

El diablo se lleva a la doncella, catedral de Chartres

Una de sus tácticas principales es tener el pensamiento ocupado en cosas ya sucedidas o por suceder, rumiando sobre los errores  cometidos y planeando cómo no volverlos a cometer.  Sin embargo, como cualquier acción solo puede suceder en el presente, todo este planeamiento acaba por ser inútil, pues solo   se puede actuar sobre lo que sucede en realidad, no sobre lo que se imagina que habría de suceder.


Robert Burton: “El ser inferior halla el pasado y el futuro más interesantes que el  presente.”

De esta manera, literalmente se carga al ser superior sobre los hombros mientras lo adormece con imaginación de todo tipo.  Una imagen de la catedral de Chartres muestra un diablo que carga a una doncella mientra con la cola le susurra al oído.

Hasta aquí, hemos presentado al ser verdadero como una figura desvalida, incapaz de evitar ser sometido por la máquina.  Existe, no obstante alguien que desde adentro del hombre lo defiende, a quien diversas tradiciones llamaron el corazón.
Mujer joven, Botticelli, 1480, Gemaldegallerie

Al Ghazali: “Por  corazón no me refiero al pedazo de carne situado al lado izquierdo de nuestro cuerpo, sino a quien usa todas las demás facultades como sus intrumentos y servidores.”

Esta parte del centro emocional (los corazones de las cartas de juego representan las emociones), ansía la presencia del Ser verdadero, y por eso otras tradiciones, como los sufis, la llaman “el amante,” en contraposición con la doncella de la que hablamos, a quien la  llaman “el amado.”  Una imagen de Botticelli nos muestra el corazón en su aspecto esencial: atento, anhelante de la presencia.

Robert Burton: “Solo el amor por la presencia puede derrotar al ser inferior.”


Ramsés II entre Horus y Seth, Egipto
También el corazón o mayordomo y el ser inferior se ven representados en la imagen de la derecha: Horus, la figura de la izquierda con cabeza de halcón, a la derecha del faraón, desde allí le sugiere ‘yoes’ de trabajo que promuevan la presencia del Ser, en tanto que Seth, que desde su costado izquierdo le susurra ‘yoes’ mecánicos.

Entre ambas partes es inevitable que exista conflicto.  Fortalecer el corazón para que sea capaz de luchar por la presencia de nuestra parte divina es la tarea inicial de una escuela.  Continuar apoyándolo en la lucha hasta consolidar el surgimiento del Ser verdadero es su tarea final.

Al Ghazali: “En el campo de batalla del alma hay un combate constante entre los soldados del mal y los ángeles, hasta que los últimos obtengan la victoria.”

Santa Catalina detiene la rueda
El corazón, armado para detener el giro constante de los ‘yoes’ mecánicos se ve ilustrado en la imagen de Santa Catalina, que está atenta para cortar con su espada de ‘yoes’ de trabajo cualquier intento de imponer actitudes mecánicas que obstaculicen la aparición de la Presencia.

El  Buda controla a Mara
Por fin, esta imagen del Buda controlando a Mara nos muestra la situación de quien, con un mayordomo triunfante, es capaz de estar imperturbable en medio de los ‘yoes’ que lo acechan. Esa es la victoria que logra un mayordomo maduro y que nos acerca cada vez más al despertar.








Hugo F.

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jueves, 1 de noviembre de 2012

Recuerdo de sí, boletín de noviembre de 2012



Noviembre de 2012












Despertar mediante el Recuerdo de Sí

La escuelas esotéricas a través de la historia han reconocido el caos de la condición humana y han buscado proveer un escape de él. La solución no es un cambio cuantitativo, sino uno cualitativo. No es cuestión de esforzarse para experimentar más amor, alegría o bondad, sino de volverse un orden de creación diferente.

En nuestro estado “normal” de sueño despierto, vivimos una existencia animal imaginando que somos humanos. Sin embargo, tenemos el potencial para purificar nuestros corazones para lograr una existencia verdaderamente humana y tratar de desarrollar nuestra consciencia para obtener una existencia divina. Este es el viaje final para un ser humano. Hay un vasto espectro de consciencia en el universo, que va desde la consciencia de una roca a la del Absoluto.  El rango potencial de la consciencia dentro de un ser humano es también vasto. La consciencia en un hombre o una mujer puede nutrirse para que se aproxime a la de lo divino.

Con trabajo preciso y suficiente, la conscincia superior puede comenzar a aparecer en ráfagas dentro de nosotros y, por fin, volverse permanente. Cuando descubrimos este estado de consciencia –de presencia divina– encontramos la fuente del verdadero amor, de la verdadera alegría y la verdadera bondad.  

“La clave para todos los problemas es el problema de la consciencia.” Textos egipcios antiguos

El primer paso es comprender la consciencia y se comienza por comprender lo que no es consciencia. La consciencia no es las funciones: No es el movimiento, no es las sensaciones, el sentimiento ni el pensamiento. Es profundamente chocante verificar que podemos actuar, movernos, conversar y experimentar emociones sin darnos cuenta. Nos hacemos propósitos sinceros y los olvidamos; herimos a los que amamos sin pretenderlo; viajamos sin memorias del viaje. Nuestra consciencia no es única sino múltiple, fragmentada entre funciones que compiten.

¿Cómo comenzamos a forjar una consciencia unificada? Todas las escuelas enseñan el mismo esfuerzo, que en el Cuarto Camino se llama recuerdo de sí. Esta s una disciplina interior donde uno vigila su mente, su corazón y su cuerpo y está separado de ellos, se da cuenta de ellos y de uno mismo observándolos. El recuerdo de sí no depende de circunstancias ni de condiciones específicas. Se puede aplicar a cada momento de la vida, significativo u ordinario, para llevar consciencia a cualquier cosa que se esté haciendo.

Trabajar en el recuerdo de sí requiere trabajar sobre el corazón. Nuestros corazones sin entrenar están inmersos en pasiones descontroladas y destructivas y en emociones negativas que nos acechan incansablemente a lo largo de nuestra vida. A través de disciplinas de escuela, el corazón puede ser entrenado para ganar la fuerza y la voluntad necesarias para nutrir y proteger la presencia divina sin palabras. Cuando tenemos el corazón purificado, nuestra esencia pura puede surgir. Lo real puede solo crecer a expensas de lo irreal.

“El Arte del Corazón consiste en mantener el ancla del corazón firmemente en paz y corrección.
Uno no debe permitirse ser llevado por trémulas pasiones ni abandonarse 
a los deseos nunca saciados de los sentidos.” Huang Di (El Emperador Amarillo)

¿Cómo podemos decir esto de manera simple?

Está donde estés y está despierto a lo que estés haciendo. Vacía tu corazón de pasiones y llénalo con anhelos de unión con lo divino dentro de ti. Encuentra aquellos con los que puedas compartir tu viaje.

Despertar es el Juego Maestro. Y el Juego Maestro tiene un método simple que es fácil de aprender pero difícil de dominar. El método, el recuerdo de sí, es invisible y portátil. Libre de condiciones externas o internas, el recuerdo de sí tiene un solo requisito:  El propio deseo sincero de usarlo. Por eso es tan urgente entrenar al corazón para que desee la presencia.  Junta, esta trinidad de la consciencia superior, el corazón y el métodotejen una tela de presencia divina. Con habilidad suficiente, la tela se vuelve oro puro: El recuerdo de sí y el propio Ser Superior se hacen permanentes.

“Dios [el Ser Superior] siempre está más allá de la bondad, la rectitud, la sabiduría total, invariable, verdadero, invisible, 
intocable, inasequible, perfecto, más allá del se, lleno de misericordia, lleno de compasión y sentimiento,
gobernando todo, viendo todo.”  Filokalia, Pedro de Damasco:
  

KHB



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miércoles, 17 de octubre de 2012

Los dioses se dejan ver


La palabra “Dioses” es una mera convención. No tiene nada que ver con el politeísmo al cual las religiones monoteístas condenan y al que indirectamente promueven al estimular el culto de los personajes secundarios de sus tradiciones respectivas, como los santos y demás.

Todas las tradiciones espirituales coinciden en algo: entre el hombre y el Absoluto existen infinidad de seres inteligentes, desencarnados y luminosos, encargados de atender los asuntos de las dimensiones más bajas. Podemos llamarlos ángeles, dioses, seres de luz, Influencia C (influencia celeste), etc.

La manifestación de uno o varios seres de luz en la vida ordinaria de una persona es un acontecimiento trascendente, aunque por sí solo no indica que se ha alcanzado la transformación. Pero no deja de ser una buena señal. Una maravillosa señal.

Numerosos seres concientes a lo largo de la historia han gozado de estas visiones: Apolonio de Tyana, Don Bosco, Goethe y tantísimos otros. Cuando Walt Whitman escribía “Una esfera desconocida, más real que la que soñé, dispara sobre mí rayos que despiertan…” no estaba utilizando una metáfora. Estaba describiendo una experiencia real.

Por otra parte, infinidad de seres humanos no han gozado de estas visiones, y aún así han alcanzado la transformación, como le pasó a Abraham Lincoln, de quien se dice que se dio cuenta que era un Ser Conciente recién después de muerto. Un monje del Monte Athos dijo: “El que se ha visto a sí mismo es más grande que el que ha visto a los ángeles.”

Los que han visto ángeles tienen la obligación de dar testimonio de su existencia. Y los que no los han visto tienen la obligación de dar testimonio de que no es preciso ver ángeles para alcanzar la transformación.

Los Seres Concientes desencarnados se manifiestan tanto de forma sutil como contundente. Cuando lo hacen en forma sutil, por ejemplo, arreglan acontecimientos inesperados, introducen pensamientos en nuestras mentes que nos guían en determinada dirección, nos hacen voltear la cabeza hacia un letrero, un dibujo o hacia la patente de un auto que nos sugiere la respuesta de lo que buscamos, etc. Otra de sus formas favoritas es dándonos una lección o una enseñanza utilizando como instrumento a personas de nuestro desagrado.

¿Y qué hay en cuanto a su manifestación visible y directa? Vivimos en una era que reclama pruebas, hechos concretos, cosas tangibles. Una persona que ha sido formada por esta tecno-era tiene tanto anhelo de trascendencia como cualquier campesino del Medioevo. Y usualmente esta necesidad esencial se manifiesta mediante reclamos fenoménicos. Ejemplos típicos: chispas de luces en lugares cerrados (de variados colores, muchos de los cuales no existen en el espectro visible), relámpagos y estrellas fugaces dentro de un cuarto cerrado, especies de insectos luminosos que interactúan con las personas. Cuando dichas luces se manifiestan al momento de leer un escrito de un Ser Conciente, hay razones suficientes para suponer que se trata de él. Las manifestaciones bajo la forma física que dichos seres tuvieron en vida usualmente suceden cuando tenemos terceros estados en sueños. También, conectándonos con las obras que los Seres Concientes han dejado, atraemos su ayuda, y hasta su Presencia, que puede tomar forma visible o no.

Los dioses son el mayor estímulo que un ser humano puede tener en su vida. Nada se compara con ello. Ni siquiera el amor de una mujer.

Ser un simple instrumento, tal como un caballo o un auto lo es para el hombre, para servir al Plan Divino, es la mayor alegría que un ser humano puede experimentar en este desdichado planeta.

 

Adrián M.

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lunes, 1 de octubre de 2012

Recuerdo de sí, boletín de octubre de 2012
















Separación y unidad

Un niño recién nacido mira y no se separa de lo que ve; su mirada abarca todo, no rechaza nada. Unos años después, el sentido de ‘yo’ se desarrolla y el niño descubre y hace conocer sus deseos desde este nuevo sentido de identidad. No solo se desarrolla un ‘yo’ sino muchos ‘yoes’, cada uno con sus gustos y disgustos, preferencias y rechazos. Ya no estamos más unidos con lo que nos rodea, sino separados y fragmentados. 

“Eres una unidad. Te partes en dos. Ahora eres dos. ¿Qué harás?" - Evangelio de Tomás

En el Cuarto Camino, al estudiante se le pide que descubra todos los aspectos de sí mismo, que recoja estas partes difusas y forje una unidad temporaria que le permita conectarse con su identidad verdadera y eterna: el Yo real. Paradójicamente, primero viene el trabajo en la separación, esta vez intencionalmente; no de acuerdo con lo que nos gusta o disgusta de nosotros, sino de acuerdo con lo que sea real o no dentro de nosotros. Los que estén atraidos por este trabajo puede que ya hayan experimentado el sabor de quienes son de verdad. Esos relámpagos de estados superiores sirven al trabajo en la separación, porque cuando se conoce el sabor del Yo real puede comenzar la separación correcta.
“Sin darse cuenta de la diferencia entre el Yo y la personalidad falsa, todos los esfuerzos solo fortalecen al aspecto más débil. Como dije, esta separación es la base de todo el trabajo sobre sí. A menos que se comprenda esta idea,
 nada se puede lograr; en todo uno debe comenzar a partir de eso.” Peter Ouspensky, El Cuarto Camino
¿Qué no es real dentro de nosotros? Cualquier cosa que podamos observar desde ese estado superior, pues solo lo superior puede ver lo inferior. Los muchos 'yoes', los estados de imaginación e identificación, todos los aspectos del sueño despierto que nos gobierna en los momentos ordinarios y que nos distraen de nosotros mismos. El cuadro imaginario de nosotros mismos, perfeccionado a través de años, es otro obstáculo, ya que rara vez se basa en quienes somos de verdad.

“En imaginación, uno vive la vida de otras persona, porque todo se toma prestado por imitación.”  Robert Burton

Cuando saboreamos nuestro ser verdadero –un estado superior por sobre los muchos ‘yoes’– experimentamos la unidad, aunque brevemente. Trabajamos para recordar este estado (y regresar a él) y mantenerlo separado de los muchos ‘yoes’ que nos asaltan. Con práctica, podemos permanecer en este estado superior, experimentando nuestro verdadero ser, separándonos más completamente y por momentos más largos. En este punto, los ‘yoes’ pueden oírse débilmente, pero no nos distraen. 
 
¿Pero lo podemos hacer ya mismo? Se necesita conocimiento para separarse correctamente. 
 
Al principio, podemos ser testigos de una de las funciones inferiores desde el punto de vista de otra función inferior (como el centro intelectual mirando y comentando sobre sensaciones o emociones). Llegar a la ubicación correcta del verdadero ser que observa sin comentar, alabar o culpar, sino con separación y amor es vital. La parte intelectual de nuestro propio centro instintivo tiene su propio sitio de observación, pero le falta la comprensión emocional o amor. Una trampa común es usar esta parte para la observación de sí, ya que este aspecto no se puede desarrollar. 

“Todos quienes hayan caído en el pozo de la separación encontrarán una cuerda y una salida.” Rumi 

La separación correcta incluye un darse cuenta emocional, porque el ser verdadero tiene la comprensión de que el momento es perfecto y que todo está bien. Aún el sufrimiento puede ser usado por este estado superior como un medio de permanecer despierto. Al reconocer este estado, al llegar a reconocerlo como un amante, terminamos en la unión con nuestro mundo y el ser real. 

Aunque nacimos unidos con el mundo, perdimos nuestra unidad original, astillándonos en fragmentos que no se conocen entre sí. Nuestra tarea es reunir nuestros seres fragmentarios en un todo que funcione, que algo superior dentro de nosotros pueda comenzar a usarlo y dirigirlo. Aquí se cierra el círculo.  

“Cuando no hay más separación entre ‘esto’ o ‘aquello,’ es lo que se llama el punto quieto del Tao.  
En el punto quieto del centro del círculo uno puede ver lo infinito en todo."  Chuang Tsé

No regresamos a la unidad sin diferenciación de la infancia, sino a un darse cuenta gozoso de quiénes somos en verdad, tomando nuestro lugar en el universo para ver cómo podríamos estar al servicio de lo que ocurre en este mismo momento. Debemos ser pequeños de nuevo para renacer a este estado superior. La separación correcta es esencial para este renacimiento. Cada momento nos invita. Solo lo que sea real puede cruzar el umbral. 

Rowena L.


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lunes, 17 de septiembre de 2012

Un diminuto instante inmenso en el vivir


Todos nosotros hemos experimentado fugazmente estados internos, percepciones sutiles que de alguna manera sentimos que están cargados de un hondo significado. Son momentos en los que el tiempo se estira y la realidad cotidiana parece transfigurarse. A veces vienen de repente, otras veces podemos crear las condiciones o preparar el terreno para que dichos estados puedan florecer.
    
Momentos simples de la amistad, el disfrutar del arte y del conocimiento, el abrazar la naturaleza, noches de magia y misterio, o mismo determinadas épocas del año pueden evocar en nosotros esos estados.
    
No tiene sentido decir si estos estados son internos o si vienen de lo externo: son ambas cosas a la vez y acaso ninguna a la vez. Estos estados son difíciles de clasificar y la mente ordinaria no los estima en su verdadera dimensión: la filosofía académica no enseña cómo buscarlos o le parece una idea muy simple como para justificar una cátedra, la ciencia los desprecia o trata de reducirlos a explicaciones mecanicistas, el arte trata de evocarlos y no siempre con los mejores resultados, mucha gente los deja pasar como si realmente no tuvieran importancia.
    
Lo reconozcamos o no, estos estados tienen un sabor lejano y especial y son lo más cercano que hemos experimentado a la felicidad. Todos hemos hecho diferentes cosas para revivir o recuperar al menos algo de estos momentos: guardar ciertas fragancias, visitar determinados lugares, escuchar una música particular sólo en ciertas circunstancias, practicar rituales, reiniciar una relación desgastada por el solo hecho de poder resucitar la plenitud de momentos pasados...
    
Estos estados, que a nosotros nos parecen ambiguos, raros o desconcertantes son el combustible con el cual trabaja el Círculo Interno de la Humanidad, y también tienen nombres muy bien definidos para los que practican ciertas disciplinas: satori, estar presente, recuerdo de sí, conciencia de sí, lo numinoso, estar despierto, hesiquía, vigilancia, etc.
    
Es durante estos estados de gracia cuando podemos conocernos a nosotros mismos y a los otros, siendo además la puerta a otras moradas superiores.
    
Es en éstos estados cuando podemos amar al prójimo como a nosotros mismos y cuando podemos percibir el mundo pleno de magia y misterio que nos rodea.
    
Está en nosotros el poder, la capacidad y la vocación de preparar el terreno y acondicionar nuestra máquina para ser canales receptivos capaces de experimentar estos esquivos manjares.
    
Son estos momentos los que justifican la vida y no otros.
    
La calidad de vida de un sujeto debería medirse en función de la sumatoria de estos momentos.


Adrián M.



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sábado, 1 de septiembre de 2012

Recuerdo de Sí, boletín de septiembre de 2012


Septiembre de 2012












Apollo, California

La ayuda exterior

El éxito en cualquier cosa que hagamos radica en una perfecta alineación de tres fuerzas: talento, fuerte deseo y suerte. Tener talento es tener una capacidad natural en un área dada. Tener un fuerte deseo es querer algo mucho por un tiempo muy largo; el fuerte deseo es la fuente de la resistencia y esto permite la disciplina necesaria que nos permite mejorar nuestras capacidades.

Pero la suerte, ¡ah! Eso es lo que no podemos comprar, no podemos robar, no podemos conjurar. ¿Por qué? Porque la suerte no existe en el mismo nivel que nuestra vida; es algo fuera de nosotros. La suerte abre puertas cuando somos apretados contra la pared, permite que entren nuevas posibilidades cuando hemos agotado todos los recursos y nos lleva a un lugar más allá de nosotros. La suerte es verdadera ayuda exterior.

Consideremos el juego maestro del despertar. No es infrecuente que una persona esté presente en el momento. Los grandes atletas lo llaman “estar en ritmo,” donde su concentración está en lo que está frente a ellos y no se dejan distraer por nada fuera de su meta. ¿Pero entonces qué? Luego de su logro, se ponen a pensar en logros futuros o a deleitarse con los ya pasados. Para ellos, estar presentes en el momento simplemente los ayuda a alcanzar su meta. No es la meta en sí misma.

Pero, ¿qué si esa es la meta: estar presente a tu vida siempre y en todas partes? Muchos de nosotros tenemos la habilidad de estar presentes, pero, ¿tenemos el deseo de hacerlo siempre y en todas partes? ¿Lo queremos con suficiente fuerza por largo tiempo? La mayor parte del tiempo no. Vemos la presencia como una herramienta que eleva cualquier momento que parezca ser especial. Queremos, por ejemplo, estar presentes a nuestra boda; no queremos ni que un momento pase sin recordarlo, sin saborearlo. ¿Por qué? Porque valoramos ese momento. Pero pocas personas valoran todos los momentos.

Digamos que sí, que tenemos este fuerte deseo y habilidad para estar presentes. Pero todavía encontramos que solo nos podemos recordar ocasionalmente, no importa lo mucho que deseemos estar presentes a todo. Algo más nos sigue alejando, distrayéndonos de nuestro propósito. Esto es más difícil de lo que pensamos: Estar presentes a nuestras vidas, siempre y en todas partes.  ¿Entonces qué hacemos? ¿Abandonamos? ¿Nos satisfacemos con el despertar parcial, solo encendiendo la presencia ocasionalmente y en esos momentos que valoramos? ¿O nuestro deseo es más fuerte que eso, porque hemos saboreado algo más allá de lo que pueda ofrecer el momento? Hemos saboreado nuestro Ser y queremos SER eso.

Hemos tocado algo profundamente adentro, que anhela existir y nacer. Una vez que este anhelo se has establecido, no podemos regresar al sueño de la misma manera de antes. Sabemos que hay otra realidad. Este es un nuevo dilema. Hemos ido tal lejos como era posible por nuestra cuenta. Necesitamos ayuda si deseamos ir más allá. ¿Pero dónde y cómo la encontramos?

Aquí es donde entra la suerte. La suerte nos encuentra, nosotros no la encontramos. Desde la perspectiva superior de la suerte, es el destino. Desde nuestra perspectiva se manifiesta como azar o coincidencia; tropezamos con ella exactamente en el momento correcto de nuestra vida y parece salir de la nada. Pero, ¿hay un modo en que podamos atraerla? Por extraño que sea, la hay. Es tan simple como alcanzar un punto de nuestra vida donde reconocemos que precisamos ayuda de modo desesperado. Entonces esta suerte –esta ayuda mágica– puede que se nos revele.

Para aquellos que quieren despertar plenamente, esta ayuda exterior trae con ella una Influencia Consciente. Literalmente, esta influye nuestro desarrollo consciente del modo más misterioso y milagroso. ¿Cómo la reconocemos? Reconocemos la Ayuda Exteriorla Influencia Consciente– por el modo sutil y muy personal que nos guía a estar presentes en el momento, sea que valoremos o no ese momento en absoluto. De repente, estamos despiertos mientras nos lavamos los dientes, por ejemplo. Nuestra consciencia ha sido influida por algo fuera de nosotros. Como con una varita mágica, la Influencia Consciente enciende nuestro Ser divino y lo reconocemos al instante. Y algo adentro de nosotros quiere más. Aumenta el deseo de estar presentes y eso, a su vez, nos hace querer aprender cómo llevar más presencia a cada momento. Aprender CÓMO es trabajo de escuela: Solamente a través de trabajo de escuela dirigido por la Influencia Consciente puede crecer nuestra habilidad para estar presentes, aumentar nuestro deseo y abundar nuestra suerte. La ayuda exterior se hace cada vez más manifiesta cuanto más despiertos estamos, cuanto más reconocemos la intervención de la Influencia Divina en nuestra vida. Las tres fuerzas se apoyan unas a otras y esta tríada abre el camino al despertar pleno.

L. L. K.







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