sábado, 6 de septiembre de 2014

Recuerdo de Sí, boletín de septiembre de 2014

Septiembre de 2014























La búsqueda eterna

Cuando comenzamos a trabajar sobre nosotros mismos en el Cuarto Camino, se nos presenta un nuevo  cuadro de  la psicología humana, uno que desafía todo lo que se nos ha enseñado. En este cuadro, se nos describe como no teniendo unidad, sin un único ‘Yo,’ sino como un multitud de ‘yoes’ cambiantes, solo relacionados por asociaciones y evocados por los estímulos, que se mantienen apenas juntos por un nombre y un grupo de hábitos. Y porque nos falta unidad, también nos falta voluntad, consciencia e identidad verdadera. Ya que, en la falta de unidad: ¿cuál de los muchos ‘yoes’ dentro de nosotros sería consciente, tendría voluntad, sería el ‘Yo’ real? ¿Acaso hablarían entre sí y votarían por ello?

¡Qué extraño que no siendo nada cultivemos tan grandes ilusiones!
Rumi


Si comenzamos a verificar la validez de esta nueva descripción al verla en nosotros, viendo que, de hecho, describe nuestra realidad interior mucho mejor que el cuadro de una persona unificada, en control del curso de su vida, entonces comenzamos a buscar lo que es más real en nosotros. ¿Si estamos tan desparramados y somos tan mecánicos, tan fundamentalmente ausentes, quién hace este trabajo?

Podemos ver nuestro trabajo como una simple tríada. Un grupo de ‘yoes’ está interesado en el concepto e despertar, y ese grupo puede ser educado para que haga esfuerzos para aumentar la consciencia y así volverse una especie de identidad provisoria mientras buscamos evoca nuestro Ser verdadero. Esto es lo que el Cuarto Camino llama el mayordomo (el héroe, el peregrino, el caballero, el monje, el santo, el yogui, el mártir). El mayordomo lucha para aplicar conocimiento esotérico haciendo cambios externos que creen un ambiente favorable para el trabajo, y haciendo esfuerzos interiores para evocar la consciencia. El mayordomo es el principio activo de la tríada.

La actividad del mayordomo pronto encuentra su obstáculo, la fuerza pasiva o de resistencia, que en el Cuarto Camino se llama personalidad falsa y en otras tradiciones el ego, el ser inferior, el diablo. Esta persona falsa –que nos hace sentir como si estuviéramos unificados, despiertos y fuéramos únicos – nunca puede desear despertar, puesto que la llegada del Ser superior significa el eclipse del ser inferior.

Engañada por su identificación con el ser inferior, la persona piensa: “Soy quien hace.” 
Bhagavad Gita


El diablo, en realidad, es el ser inferior y las pasiones del hombre. 
Hujwiri


El hombre se componía de dos naturalezas, 
la animal o ser inferior y la espiritual o ser superior, 
y esto porque la primera e necesaria para el desarrollo de la última. 
Kabbalah, Zohar


La fuerza invisible, armonizadora en la tríada es el ‘Yo’ Real (el Ser superior, el tercer ojo, el Ser, la presencia divina, los centros superiores, la belleza platónica). Se fortalece, educa y madura, en parte mediante la lucha entre las fuerzas activa y pasiva. Esta fuerza pertenece a un mundo superior.

Él le quitó el velo al rostro de la damisela y mira: era como el brillo del sol.
Las mil y una noches


Vemos esta tríada parpadeando tras nuestros mitos y cuentos de hadas, obras y poesías. El brillante caballero continúa en una búsqueda para encontrar la princesa y matar al dragón  que la mantiene cautiva. O el héroe parte para encontrar la flor de la inmortalidad, el santo para encontrar a Dios, o el guerrero regresa a casa a su Penélope. Gilgamesh confronta a Humbaba, y Dante viaja por el Inferno para alcanzar a Beatriz. Aquí está el objetivo, la vejez, el complot siempre recurrente de nuestro trabajo. Reaparece, con distintos vestido e idiomas, en cada edad de toda cultura.

Todo arte está ocupado en nacer.
Aristóteles


Pero hay dos aspectos de este drama objetivo que no siempre se presentan. El primero es que este drama se representa internamente, dentro del momento. Se mata al dragón, se gana la princesa y entonces... una parte en la búsqueda otra vez.

El segundo es que no solo debe morir el dragón, sino que el héroe debe morir también.  

La personalidad falsa es una máscara, una identidad imaginaria definida por lo externo, mediante la cual ello rechaza y se proyecta, y es demasiado grande para pasar por el ojo de una aguja. La consciencia superior solo puede llegar a nosotros en un momento en que estamos libres de esta identidad construida.

El ‘Yo’ debe liberarse de la falsedad 
antes de que pueda darse cuenta de quién es en realidad.
Meher Baba



Y el mayordomo, heroico como es, es una cosa terrenal y creada, que pertenece al mundo de lo manifestado y –tal como a Moisés se le niega la Tierra Prometida– a él, también, se le niega el reino de la Presencia Divina.

Es así como crece un héroe, siendo derrotado decisiva  
y constantemente por seres mayores.
Rainer Maria Rilke


Al culminar nuestra búsqueda, necesitamos abandonar al mayordomo, la identidad que hemos construido con nuestros esfuerzos, el sentimiento de “Estoy haciendo el trabajo.” Y porque, a diferencia de la personalidad falsa, el mayordomo se forma intencionalmente, ganado duramente mediante nuestros esfuerzos, esto se puede sentir como un sacrificio.

Dios, cuyo amor y alegría están presentes en todas partes,
 no puede venir a visitarte a menos que no estés allí. 
Angelus Silesius


Es solo cuando el objeto transparente está totalmente incoloro, 
que es capaz de recibir con éxito todos los colores. 
Rabbi Moses Maimónides


Ve tú, barre el cuarto donde mora tu corazón, 
prepáralo para que sea el hogar del Amado. 
Cuando tú salgas, Él vendrá.
Shabistari


Requiere coraje pararse fuera de los lazos racionales, comprensibles del mayordomo, y dentro del mundo ilimitado de los centros superiores. Este proceso parece estar gobernado por algo mucho más elevado que nuestros esfuerzos, pero podemos comprender la necesidad y cooperar tan humildemente y de todo corazón como podamos.

Una SILENCIOSA, paciente  araña,
marqué: dónde, sobre un pequeño promontorio, estaba de pie, aislada;
marqué cómo, para explorar el vasto vacío que la rodeaba,
lanzaba filamento, filamento, filamento desde sí misma;
siempre desenrollándolos, siempre acelerándolos sin cansarse.

Y tú, oh Alma mía, donde estás de pie,
rodeada, rodeada, en los océanos del espacio in medida,
meditando, aventurándote, lanzándote sin cesar a buscar las esferas para conectarlas;
hasta que el puente que necesitas se forme; hasta que sostengas la dúctil ancla;
hasta que el hilo de la telaraña que arrojes se agarre de alguna parte, oh alma mía. 
Whitman


Jeanne C.






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